Domingo, 19 Septiembre 2021

Que sigan los aplausos

Que sigan los aplausos

Lucha contra la COVID-19

El Dr. Graciliano Estrada, presidente del Colegio de Médicos de Segovia, escribe en estas líneas acerca del esfuerzo que realizan los médicos y médicas en la lucha contra la pandemia, a quienes agradece la gran labor que han hecho, hacen y seguirán haciendo; y pide que no se olviden los otros problemas que acechan al SNS.

Segovia 16/08/2021 Dr. Graciliano Estrada

Dr. Graciliano Estrada

A punto de atravesar el ecuador del mes de agosto, con la cresta de una tardía y dura primera ola encima de nuestras cabezas, me gustaría tener unas palabras de agradecimiento y recuerdo a todos los compañeros que han estado, que siguen y que seguirán en primera fila combatiendo este coronavirus que nos ha cambiado la vida.
 
La pandemia nos ha dejado imágenes imborrables. La mayoría de ellas duras, muy duras, que serán difíciles de desplazar de nuestro recuerdo. Imágenes de enfermedad y de muerte -rodeadas a menudo de dolor, de frustración y de impotencia- que nos acompañarán para el resto de nuestras vidas, con hospitales y UCIS desbordadas, con calles desiertas y negocios cerrados. 
 
Pero también nos quedará el otro lado de este combate. El perfil en el que lo humano y lo profesional se han dado la mano para hacer más llevadero este tránsito por el duro camino de la enfermedad. Primero los servicios esenciales, después, en cascada y de forma progresiva, el resto de actividades económicas fueron regresando a la normalidad, la que tocaba en cada momento, para emprender un camino de vuelta hasta este agosto de 2021, casi un año y medio después de que se paralizara el mundo. Pero entre unos y otros, antes que los primeros y después de los últimos, permanecen los médicos (como el resto de sanitarios) para mantener el frente común desde la primera línea de resistencia. Lo han hecho sin mirar horarios y entregando lo mejor de sí mismos para doblegar a este SARS Cov-2. Lo han hecho abnegadamente, exponiéndose a menudo al contagio debido a un contacto directo con el virus y al no contar siempre (sobre todo en las primeras semanas) con los medios materiales básicos para garantizar su protección.
 
Como un eco vuelve también al recuerdo el sonido atronador de los aplausos que desde los balcones millones de españoles entregaron a modo de recompensa emocional a los sanitarios. Cada tarde ese espontáneo coro nos recordaba que lo estábamos haciendo bien, pero que había que seguir por ese camino, sin desfallecer y corrigiendo errores, para alcanzar el objetivo. 
 
Ahora que el impacto más duro de la pandemia ha quedado atrás gracias al despliegue de las vacunas, pero que seguimos tratando de esquivar los efectos de una quinta ola que ha rejuvenecido el perfil del paciente, es buen momento para retomar los aplausos. Los aplausos siguen siendo necesarios porque mantenemos un doble desafío, como sociedad y como profesionales, para derribar la pandemia. Las palmas reaniman a unos médicos exhaustos pero comprometidos con la solución y para quienes, ni el lugar de desempeño del trabajo, ni las condiciones, suponen una merma en su actitud y esmero. 
 
Pero no podemos olvidar otros retos que nos aguardan aquí al lado. Porque la covid se ha colado en nuestra vida con una cotidianeidad que quizá solape a nuestros gerentes el resto de problemas del mundo sanitario. La Atención Primaria ha elevado la voz con más firmeza aún en los últimos meses, reclamando una correcta optimización de recursos, solicitando dotaciones profesionales y medios materiales suficientes para no perder la calidad asistencial en lo que supone una primera y fundamental puerta de acceso al sistema sanitario nacional. La reivindicación se ha armado fundamentalmente desde nuestros pueblos, donde se ve con preocupación el futuro de los consultorios y centros de salud rurales, pero no podemos olvidar que los problemas de carencias de facultativos, acrecentados con la llegada de una mayor cantidad de ciudadanos (bien como cartillas de desplazadas o bien como turistas o veraneantes) afecta tanto a lo pequeños núcleos de la provincia como a las grandes capitales. 
 
Porque las acumulaciones excesivas de jornadas o las contingencias en las plantillas provocadas por las bajas o vacaciones de nuestros profesionales provocan desajustes de personal que se registran por igual en todos los centros sanitarios y afectan a todos los niveles asistenciales, con independencia de que pertenezcan a un consultorio de una localidad de 75 habitantes o a cualquiera de las especialidades de un hospital de capital de provincia. 
 
Por todo ello, desde estas líneas quiero agradecer a todos y cada uno de mis colegas médicos su labor durante todo este tiempo, en la confianza de que este sobreesfuerzo debido a la fatídica pandemia no se mantenga por mucho tiempo, pero en la confianza de que nuestro compromiso con la salud pública, está por encima de coyunturas o circunstancias puntuales.
 

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