Miércoles, 22 Mayo 2019

El dilema del seleccionador

El dilema del seleccionador

Artículo del Dr. Altisent en ‘Heraldo de Aragón’

El Dr. Rogelio Altisent, director de proyectos académicos de la Cátedra de Profesionalismo y Ética de la Universidad de Zaragoza y miembro del Grupo de Trabajo de Atención Médica al Final de la Vida de la Organización Médica Colegial (OMC) ha publicado un artículo en ‘Heraldo de Aragón’ en el que reflexiona sobre la ética y ejemplaridad de los deportistas

 
Zaragoza 14/07/2016 medicosypacientes.com

David de Gea y Vicente del Bosque. Foto: Marca.

A Vicente del Bosque se le planteó un dilema a la hora de decidir quién iba a guardar la portería de la selección española tras la supuesta implicación del portero titular en un escándalo sexual. Incluso algún líder político ha manifestado que no se sentía cómodo con la alineación de David De Gea. Es interesante diseccionar los argumentos. 
 
Si se considera que la actuación deportiva de “la Roja” es una cuestión estrictamente relacionada con el único objetivo de ganar un campeonato, no debería influir el hecho de que David De Gea haya sido señalado por informaciones que le relacionan con una red de servicios sexuales. Sobre todo teniendo en cuenta que no existe acusación formal de un delito, por lo que legalmente ni siquiera se puede hablar de presunción de inocencia. 
 
Sin embargo, también se está considerando la cuestión de la ejemplaridad pública que socialmente se atribuye al mundo del deporte, ejerciendo un indudable papel modelizante en la sociedad, especialmente –aunque no solo- para las generaciones más jóvenes que miran hacia los lideres sociales, para lo bueno y para lo malo. 
 
Hay una serie de cualidades deportivas muy valoradas porque se considera que contribuyen a la excelencia de las personas: cooperación, esfuerzo, tenacidad, veracidad, generosidad, lealtad, amistad, etc. Por esta razón las conductas relacionadas con el dopaje deportivo son duramente condenadas, en la medida que suponen un compendio de contravalores. 
 
¿Merece una valoración negativa que un deportista se relacione con redes de prostitución?, ¿o esto solo es rechazable cuando hay menores involucrados, es decir cuando existan implicaciones penales? Más allá de la responsabilidad legal, lo que aquí está en danza es una cuestión ética de ejemplaridad pública. A Vicente del Bosque no le corresponde ejercer como juez de los comportamientos privados de sus jugadores, pero debe tomar decisiones en lo que afecta a la imagen que proyecta la selección española. 
 
El dilema del seleccionador se resolvió provisionalmente con una declaración por parte de David De Gea afirmando que las acusaciones eran falsas. Pero, en mi opinión, conviene mantener abierta la cuestión con una visión más amplia que atañe a la “filosofía del deporte”, donde además del comportamiento de los deportistas de élite se deberían incluir otros aspectos de la cultura que rodea al deporte. Un caso especialmente preocupante es que siguen presentes los  grupos violentos entre las aficiones que apoyan a los equipos, con dudas sobre la connivencia de los clubs. Es lamentable que nos hayamos acostumbrado a que un estadio de futbol no sea un lugar seguro para una familia con niños. 
 
Quizá haya llegado el momento de profundizar en el debate social sobre la finalidad del deporte y qué referencias éticas se deben ofrecer a los miles de niños que todos los sábados se visten de corto para competir llenos de ilusión y con el afán de emular a sus ídolos ¿Qué nivel de ejemplaridad es exigible a los deportistas de élite que se nutren de la fama recibiendo ingresos astronómicos?, ¿o es suficiente que ganen campeonatos? 
 
En mi opinión existe una diferencia sustancial entre el jugador que  realiza  gestos de egocentrismo cuando marca un gol y el que señala con un gesto de reconocimiento hacia el compañero que le ha dado el pase decisivo. Se debería prestar una mayor atención a la potencialidad educativa del deporte de élite. 
 
Se puede abrir la perspectiva por analogía con otras  profesiones que tienen proyección pública. ¿Es aceptable que un médico aparezca fumando en una entrevista en televisión? ¿Qué decir de un juez que hace manifestaciones insensatas en las redes sociales? ¿Qué pasa con un profesor que consume drogas? ¿Y con un clérigo que no vive de acuerdo con lo que predica? Son ejemplos de comportamientos que no traspasan las líneas rojas de la norma legal pero tienen mucho significado en la construcción de una sociedad sana. Son conductas cuya valoración se sitúa a medio camino entre el juzgado y la conciencia individual. Me estoy refiriendo a un nivel de exigencia ética intermedio, también denominado “deontológico”, que debe ser evaluado por las correspondientes comunidades profesionales, con capacidad para el reproche social y la sanción interna. 
 
Así, el entrenador de un equipo puede dejar de alinear a un jugador poco ejemplar, exigiéndole una rectificación. Del mismo modo que el médico, el juez o el clérigo, si han tenido conductas poco modélicas, pueden ser recriminados por sus propias organizaciones profesionales, aunque no se lleguen a atravesar las líneas rojas de la norma legal.
 
El dilema del seleccionador es muy aprovechable para reflexionar sobre el alcance de la ejemplaridad de los deportistas. Ignoro si los clubs tienen códigos de conducta para sus jugadores que incluyen estos aspectos. Lo que si se puede afirmar es que los medios de comunicación contribuyen a esta tarea cuando promocionan a los deportistas que destacan por sus valores eticos. ¿Es esto moralina, tal como ha dicho algún analista? ¿o es quizá sentido común? Abramos el debate.