Sábado, 8 Agosto 2020

Dr. Fernández Chavero: “La Medicina del Trabajo: nuestro Ave Fénix”

Dr. Fernández Chavero: “La Medicina del Trabajo: nuestro Ave Fénix”

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El Dr. Manuel Fernández Chavero, médico del Trabajo, analiza en este artículo cómo ha emergido la Medicina del Trabajo en el contexto de la pandemia y subraya que “ha tenido que acontecer una emergencia sanitaria para resucitar una especialidad que ha demostrado desde el principio que su papel tenía que ser imprescindible”

Badajoz 02/07/2020 medicosypacientes.com

Dr. Manuel Fernández Chavero.

El mayor riesgo es no asumir ningún riesgo. En un mundo que cambia realmente rápido, la única estrategia en la que el fracaso está garantizado es no asumir riesgos. (Mark Zuckerberg)

Un acontecimiento trágico sirvió de inspiración para la creación de una de las películas más iconográficas de la historia del cine: “Lo que el viento se llevó “ 

Actualmente estamos viviendo, en forma de pandemia, otro acontecimiento trágico y me ilusiona pensar que ojalá fuera la inspiración para otra película, ahora sanitaria y no cinematográfica, que bien pudiera titularse: “Lo que el viento nos devolvió”.

Hemos podido contemplar un inmenso apoyo social a la Profesión Médica,  incluso hubo un momento en que llegamos a pensar que no se volverían a sufrir insultos y agresiones. Fue un bonito espejismo de breve duración. Unos minutos a las 8 de la tarde.

Hemos descubierto una Atención Primaria que mayoritariamente ha tenido un comportamiento ejemplar y  todos sabemos con absoluta certeza  que no ha sido fácil. Una Atención Primaria lastrada por la falta de una Coordinación Administrativa, indefensa y expuesta al contagio directo, por mucho que alguna autoridad sanitaria regional venga a decir que se solicitaban Equipos de Protección Individual por encima de los marcados por los protocolos. Ha costado muchas vidas, mucho dolor, miles de contagiados y una intensa y frenética actividad de los Colegios de Médicos y de la Organización Médica Colegial para poder conseguir que el contagio sea considerado como accidente de trabajo o como enfermedad profesional. Las dos opciones son tan justas como merecidas.

Hemos descubierto una Atención Hospitalaria que mayoritariamente ha tenido un comportamiento ejemplar. Inasequible al desaliento. Trabajando al límite del colapso y a veces en mitad del colapso. Sólo desde un exquisito profesionalismo y una encomiable madurez profesional, deontológica y ética se pueden tomar las decisiones sabias y prudentes que han tenido que adoptar nuestros compañeros en su labor asistencial; decisiones que en muchos casos habrán desembocado en traumas psíquicos o morales de muy difícil cicatrización.

Pero en mitad de este acontecimiento trágico ha emergido una especialidad médica que parafraseando a Joaquin Sabina estaba “tan  maltrecha y ajada que estaba cerrada por derribo”.  La Medicina del Trabajo.

La Salud Laboral es según la definición de la OMS “una actividad multidisciplinaria que promueve y protege la salud de los trabajadores. Esta disciplina busca controlar los accidentes y las enfermedades mediante la reducción de las condiciones de riesgo”.

Es una de las especialidades en la Prevención de Riesgos laborales conjuntamente con la Seguridad en el Trabajo, Higiene Industrial, Ergonomía y Psicosociología Aplicada.

La Medicina del Trabajo ha sido definida por la Organización Mundial de la Salud como: “La especialidad médica que, actuando aislada o comunitariamente, estudia los medios preventivos para conseguir el más alto grado de bienestar físico, psíquico y social de los trabajadores, en relación con la capacidad de éstos, con las características y riesgos de su trabajo, el ambiente laboral y la influencia de éste en su entorno, así como promueve los medios para el diagnóstico, tratamiento, adaptación, rehabilitación y calificación de la patología producida o condicionada por el trabajo”. 

Hasta el inicio de la pandemia esta especialidad no era más que una I.T.V. sanitaria, dedicada a la realización robótica de reconocimientos médicos laborales, en muchas situaciones, en demasiadas, en condiciones de precariedad e incluso de insalubridad en escenarios que cuesta trabajo imaginar.

Ha tenido que acontecer una emergencia sanitaria para resucitar una especialidad que ha demostrado desde el principio que su papel tenía que ser imprescindible y así ha sido y es justo reconocerlo. Me satisface haber comprobado que la Atención Primaria, siempre un poco reacia, y en ocasiones celosa, a lo que le llega desde la Medicina Privada o Concertada, ha entendido nuestro trabajo y se ha establecido entre ambas especialidades un espíritu de mutuo respeto, ayuda y colaboración. Las dos partes hemos llegado a una misma conclusión que por necesaria jamás debimos de obviar: ¡¡ Nos necesitamos ¡¡

Durante todo el periodo de alarma, y también una vez superado el mismo, desde los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales se han emitidos miles de Informes de Asesoramiento que primero en la escalada y después en la desescalada han servido para que, en estrecha colaboración con la Atención Primaria, los trabajadores incluidos en los grupos vulnerables del Ministerio de Sanidad hayan podido realizar su actividad laboral en condiciones de máxima seguridad y, en casos especiales, de haber podido disfrutar de un periodo de Incapacidad Transitoria cuando las circunstancias individuales así lo aconsejaban.

Los grupos vulnerables del Ministerio de Sanidad han sufrido cambios a lo largo de estos meses al igual que los protocolos. El paradigma de los cambios han sido las mascarillas; desde prohibirlas al personal sanitario porque infundían ansiedad y temor en los pacientes hasta ser obligatorias para toda la sociedad. El listado final, al día de hoy, de los grupos vulnerables lo constituyen los enfermos cardiovasculares incluido los hipertensos, diabéticos, enfermos pulmonares crónicos, enfermos hepáticos crónicos severos, insuficiencia renal crónica, inmunodeprimidos, pacientes oncológicos en tratamiento activo, mayores de 60 años y obesos mórbidos. Si sumamos todos los trabajadores incluidos en estos grupos y excluimos a los niños, pensionistas, ancianos, liberados sindicales, las incapacidades laborales por otros motivos y un largo etc. llegaremos a la conclusión de que prácticamente la casi totalidad de la población laboral está incluida en los grupos vulnerables.

En este escenario los médicos de los Servicios de Prevención, los médicos del trabajo, representantes en activo de una especialidad muerta y ojalá que resucitada, hemos tenido un grado de absentismo prácticamente nulo. Si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría ya estamos en los 60 años (los compañeros jóvenes ni consideran la especialidad como opción MIR) y que por tanto sobre muchos de nosotros concurren varios supuestos de vulnerabilidad  creo que es de ponderar la labor asistencial, de asesoramiento y de urgencias realizada. Los Servicios de Prevención no han parado ni un solo día. Realizar los reconocimientos de trabajadores para contratos iniciales, atención a la embarazada y sus riesgo laborales, valoración de trabajadores sensibles, colaboración con Atención Primaria, teletrabajo y un número de consultas telefónicas imposible de calcular. 

Toda la población será, en algún momento de su vida, “población trabajadora”, y durante esos 30-40 años que abarca la vida laboral será la Medicina del Trabajo y por ende sus profesionales los encargados de su bienestar físico y psíquico. En el trabajo ocurren multitud de circunstancias que de manera directa o indirecta incidirán sobre nuestra calidad de vida y nuestra salud. Y no se trata tan solo de la prevención de los accidentes de trabajo o enfermedades profesionales.

Las patologías osteomusculares, dolencias por deficiencias ergonómicas, estrés, multitud de cánceres de estrecha relación con la actividad profesional, problemas dermatológicos, respiratorios, digestivos, cardiovasculares, psiquiátricos, mobbing, Burnout etc. nos convierten a los médicos del trabajo en lo que bien pudiéramos denominar el “Internista del Trabajador”.

Consumimos en el trabajo más de media vida y nos lo llevamos a casa en forma de horas extras y de preocupaciones y es por eso que nuestro trabajo no puede tener tan solo un prisma individual sino una importante traslación familiar y social; de nuestra labor como médicos del trabajo dependerá también el bienestar de la pareja, de la familia y por extensión de la sociedad.

La Medicina del Trabajo tendría que ser para el Sistema Sanitario como el árbol de levas para los automóviles. Es una pieza imprescindible  que  se encarga de controlar el accionamiento de las válvulas de escape, contribuye a repartir el aceite por el motor y ayuda a que funcione la bomba de combustible.

Es fundamental establecer, con carácter prioritario y definitivo, unas vías de colaboración e información, permeables y bidireccional, entre los Servicios de Prevención, la Atención Primaria y la Inspección Sanitaria y Laboral. Hace muchos años se puso de moda una frase que estuvo presente en  oficinas y lugares de trabajo. Decía así: “Hoy hace un día maravilloso, veras como viene alguien y lo jode “. Deseemos que esta necesidad de colaboración no se traduzca en esta nueva versión: “Esta idea de colaboración es estupenda, veras como viene algún político y la jode “

Sería, sin dudas, el mejor ejemplo de que todos somos necesarios. Cada cual desde su propia individualidad y como piezas del engranaje de nuestro sistema, somos imprescindibles. No le demos la razón a Mark Zuckerberg cuando dice que la única manera de garantizar el fracaso es no asumir riesgos.

Los riesgos hay que asumirlos desde la cautela y la prudencia para garantizar nuestra propia supervivencia. La vida en sí misma es toda un riesgo pero nos formamos durante toda ella para sortear esos riesgos con adecuados mecanismos de defensa. Nuestra vida profesional también es toda un riesgo y por tanto necesitamos mecanismos de defensa. En Medicina del Trabajo los llamamos Equipos de Protección Individual (EPIS). Son necesarios y obligatorios. Un derecho del trabajador y un deber del empresario. Ningún trabajador sin EPIS y quizás no tengamos que hablar de accidentes de trabajo, enfermedades profesionales o fallecimientos  evitables.

Toda la Medicina del Trabajo y los que vivimos, luchamos y trabajamos en ella y para ella deseamos de todo corazón que se haya empezado a grabar la película de nuestra especialidad: “LO QUE VIENTO NOS DEVOLVIÓ”.