Viernes, 23 Octubre 2020

Dr. Bátiz: "Además del alzhéimer, también la COVID-19"

Dr. Bátiz: "Además del alzhéimer, también la COVID-19"

Artículo publicado en El Correo

El Dr. Jacinto Bátiz, director del Instituto para Cuidar Mejor del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi (Bizkaia), explica en este artículo publicado en El Correo que durante esta pandemia aquellos que estaban padeciendo la enfermedad de Alzheimer tal vez no se hayan dado cuenta de lo que estaba pasando, pero sí les estaba afectando con mayor aislamiento, con mayor soledad y distanciados de sus familias

Madrid 21/09/2020 medicosypacientes.com

Dr. Bátiz. 

Ante la pandemia de la COVID-19, la Medicina no ha sido capaz de prevenir el padecerla; no ha tenido remedio para todos los que la han padecido; además, tampoco ha podido ofrecer el consuelo necesario ni al propio enfermo ni a su familia. Nos ha cogido a todos desprevenidos en conocimientos y en medios para abordar la enfermedad, y desbordados e impotentes para poder ejercer una medicina de acercamiento humano.

Cuando la persona padece una enfermedad incurable, avanzada o en fase terminal, y en general, cualquiera que sufre, por la propia naturaleza del sufrimiento, reclama alguien junto a él, para que con su compañía le dedique unas palabras de consuelo y ofrezca algún remedio que le alivie. Aliviar, acompañar o consolar constituyen parte del trabajo de los profesionales sanitarios y, muy especialmente, cuando curar no es posible.

La enfermedad y la muerte por este virus necesitaban de mucha ciencia que se ha ido adquiriendo a medida que los enfermos se contagiaban o se morían, pero las personas que la padecían o se morían a causa de ella necesitaban del acercamiento humano de las personas que les atendían y de sus seres queridos que ahora no los podían acompañar para cuidarles o despedirse de ellos. Para los cuidadores de quienes padecen alzhéimer está suponiendo un gran sufrimiento, una gran tristeza y una terrible frustración, por no poder cuidarles como lo estaban haciendo hasta ahora. Incluso, muchos de estos cuidadores no han podido despedirse de sus familiares con la enfermedad, provocándoles con toda seguridad una evolución patológica de adaptación ante su pérdida; otra consecuencia más de esta pandemia.

La pandemia de COVID-19, generada por el coronavirus SARS-CoV-2, ha requerido de unas medidas drásticas para contener su propagación con sus consecuencias y evitar el colapso del sistema sanitario. Para ello, quienes asumieron la responsabilidad de su control impusieron medidas como el distanciamiento social, la protección de los colectivos más vulnerables y el confinamiento domiciliario. Por estas razones, el contacto social con las personas mayores y frágiles como las personas con la enfermedad de Alzheimer o con otras formas de demencia, se ha restringido específicamente. Se dieron órdenes como el cierre de centros para mayores y de centros de día. Se han restringido las visitas a las personas ingresadas en residencias, geriátricos y centros socio-sanitarios, incluyendo las visitas de sus familias.

Por otro lado, expertos internacionales han avisado de la vulnerabilidad de las personas con demencia ante el coronavirus debido a que el acceso limitado a información verídica y la dificultad para comprender y recordar las medidas de seguridad aumentan el riesgo de las personas con demencia de contraer el coronavirus. Además, la soledad y el aislamiento social, tanto domiciliario como en residencias puede incrementar su estrés y sus problemas de conducta.

Quienes durante esta pandemia estaban padeciendo la enfermedad de Alzheimer tal vez no se hayan dado cuenta de lo que estaba pasando, pero sí les estaba afectando con mayor aislamiento, con mayor soledad, distanciados de sus familias.

Los que sí se han dado cuenta y también la sufrieron han sido sus familias y sus cuidadores. La situación generada por la COVID-19 ha supuesto grandes cambios en el día a día, afectando de manera directa a las personas que padecen esta enfermedad y a sus cuidadores. Asumir el no poder salir de casa, no ver a las personas que habitualmente acostumbraban a cuidarlos, adoptar e interiorizar hábitos repetitivos como el lavado de manos frecuente, la necesidad de observar rigurosamente las medidas de prevención e higiene, han supuesto un trabajo mayor para sus cuidadores, que han tenido que hacer un gran esfuerzo para explicar la nueva situación de un modo adaptado a su capacidad cognitiva. 

Si cuidar a una persona que padece alzhéimer es difícil en situaciones sanitarias de normalidad, en esta situación excepcional que estamos viviendo aún se hace incluso más difícil, sobre todo para sus cuidadores. Pero si además de padecer alzhéimer, se padecen los efectos del coronavirus, se hace ya casi imposible de llevar esta situación para sus familias, que suelen ser sus cuidadores. 

La compañía a los moribundos hará que no mueran en la soledad sino con la dignidad de un ser humano cogido de la mano y con la caricia de sus seres queridos; cuando llegue la muerte, que no sea en soledad, lejos de su familia. La COVID-19 ha forzado la ruptura del vínculo físico e incluso afectivo con sus seres queridos; no los pueden cuidar como antes, pero ni siquiera les pueden visitar ni acompañar; y si llega su final, tampoco se pueden despedir como desearían hacerlo. Esta pandemia se ha cebado en los aspectos físicos, pero también en los emocionales de las personas, de los enfermos, de las familias y de los sanitarios. Cada uno de ellos ha sufrido por haberse encontrado cerca de la muerte y lejos de sus familias.

Con este virus les ha llegado a estos enfermos su final antes de cuando la enfermedad lo tenía previsto. Además, mientras llegaba, su única compañía era la soledad. Una soledad que ha provocado gran pena a sus cuidadores, a sus familiares. Y cuando se han muerto ha sido lejos de quienes los querían. Un tramo final triste para los enfermos, para sus familias y frustrante para los profesionales que les han atendido.