Lunes, 18 Noviembre 2019

Dr. Bátiz: “Adecuar el esfuerzo terapéutico es buena práctica médica”

Dr. Bátiz: “Adecuar el esfuerzo terapéutico es buena práctica médica”

Artículo

El Dr. Jacinto Bátiz, secretario de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial (OMC) y director del Instituto para Cuidar Mejor del Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya), analiza en este artículo los casos de la paciente María Teresa Blanco, del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares y del paciente francés, Vincent Lambert, que vuelven a cuestionar la buena práctica médica

Madrid 11/07/2019 medicosypacientes.com

Dr. Bátiz. 

Con los datos aportados por los medios de comunicación que se han hecho eco de los mismos, los profesionales que le han atendido en el caso de Vincent Lamber y los profesionales que le están atendiendo a María Teresa Blanco, están aplicando uno de los imperativos éticos ante enfermos con enfermedades avanzadas, irreversibles, como es la de adecuar el esfuerzo terapéutico a la situación clínica en la que se encuentren. Esto es lo que indica el Código de Deontología Médica (OMC, 2011) en su artículo 36.2: “El médico no deberá emprender o continuar acciones diagnósticas o terapéuticas sin esperanza de beneficios para el enfermo, inútiles u obstinadas”. Todas las normas reflejadas en este Código son de obligado cumplimiento para los médicos colegiados en nuestro país. 

Sobre la no Reanimación Cardio Pulmonar (RCP), motivo del conflicto entre los familiares de María Teresa y los médicos que le atienden habría que aclarar que la RCP consigue en muchos casos recuperar el latido cardiaco y su función fisiológica, pero en ocasiones lo hace a un precio muy alto. Algunos pacientes quedan seriamente dañados a nivel neurológico, en otras ocasiones su agonía se prolonga. Por todo ello se comenzó a plantear  la posibilidad de no utilizar la RCP en todos los casos de parada cardiaca y comenzaron a aparecer las órdenes de no reanimación. Fue entonces cuando muchos pacientes pudieron morir más tranquilamente sin prolongarle innecesariamente su agonía. Que en algunos casos esta maniobra no sea adecuada o incluso se pueda considerar completamente desproporcionada, no resta su eficacia y su necesidad en otros muchísimos casos. Cada año, esta maniobra de reanimación sigue salvando la vida de muchas personas. Pero la parada que antecede al fallecimiento esperable del enfermo terminal constituye un episodio biológico final ante el cual la única actuación profesional que cabe es la pasiva, derivada del profundo respeto.

Sobre la retirada de la nutrición e hidratación, motivo de conflicto entre los familiares de Vincent y los médicos que le atendieron, también desearía aclarar algunos conceptos para afirmar que dichos profesionales también adecuaron el esfuerzo terapéutico teniendo en cuenta la voluntad de los representantes legales del enfermo en este caso. Los problemas relacionados con la alimentación son muy frecuentes al final de la vida, debido principalmente a la elevada incidencia de malnutrición y a que la sintomatología asociada a estos problemas preocupa especialmente a los familiares del enfermo. Las indicaciones de soporte nutricional prolongado en pacientes con deterioro neurológico irreversible suelen suscitar cuestiones éticas y legales. Hay que tener en cuenta que el objetivo principal no es corregir la malnutrición sino tratar de controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Por ello, se deben evitar planteamientos intervencionistas que pretendan la recuperación del estado nutricional, ya que no consiguen beneficios clínicamente significativos.

Los médicos tenemos en cuenta que un tratamiento puede ser inapropiado cuando es innecesario porque el objetivo deseado se puede obtener con medios más sencillos, cuando es inútil porque el enfermo está en una situación demasiado avanzada para responder dicho tratamiento, cuando es inseguro porque sus complicaciones sobrepasan el posible beneficio, cuando es inclemente porque la calidad de vida ofrecida no es lo suficientemente buena para justificar el tratamiento, y cuando es insensato porque consume recursos de otras actividades que podrán ser más beneficiosas. Cuando el médico ha comprobado que un tratamiento es ineficaz no tiene obligación de aplicarlo y en caso de que ya esté aplicado tampoco de continuarlo. 

Adecuar el esfuerzo terapéutico no es ninguna forma de eutanasia, sino una buena práctica médica.