Sábado, 8 Agosto 2020

Dr. Antonio Ares Camerino “Sin tocarse”

Dr. Antonio Ares Camerino “Sin tocarse”

Artículo

El Dr. Antonio Ares, delegado territorial de Bahía de Cádiz del Colegio de Médicos gaditano, reflexiona en este artículo sobre como ha cambiado la relación médico-paciente

Cádiz 03/07/2020 medicosypacientes.com
“A él nunca se le habían dado bien las nuevas tecnologías. Se consideraba muy torpe para ello. Menos mal que su mujer si se manejaba bien con las nuevas tecnologías, las pantallas diminutas no le daban miedo. Aquella tarde ella la había concertado una cita telemática con su médico de cabecera. Unos minutos antes de la hora prevista él se miró al espejo para comprobar que su aspecto era el correcto. Se peinó y se puso delante del ordenador. Con una puntualidad germánica se iluminó la pantalla y en ella apareció Don Manuel. Era su médico de familia desde hacía más de quince años. ¡Ahora tenía que contarle sus síntomas, debía formulara sus preguntas a una pantalla!. Todo le pareció demasiado frio. Aquello lo consideró como irreal”.
 
Cuentan que una vez un periodista le preguntó al insigne Dr. Don Gregorio Marañón que ¿cuál  había sido para él el avance más importante que había tenido la medicina. A lo que respondió de forma muy escueta: la silla. Con ello quería insistir que en  la práctica de la medicina lo más importante es escuchar al paciente, dedicarle tiempo y paciencia para que pueda expresar sus dolencias y preocupaciones. La relación médico paciente llevada a su grado de mayor conexión. Sólo a través de la comunicación interpersonal podemos saber qué es lo que el paciente siente y cómo se enfrenta a la enfermedad. De todas las ramas de la Ciencia la Medicina es la única que del árbol original se escindió y llego a ser algo más que un mero cálculo previsto de irrefutables leyes matemáticas, físicas o químicas. Para su ejercicio que conocer disciplinas que se surten de otras fuentes.
 
Para su ejercicio hay que aunar disciplinas que se surten de otras fuentes. La Medicina es Ciencia, en cuanto que bebe de manera desaforada de los avances científicos que han logrado que el sanar esté a la orden del día. La Medicina es  Arte, en cuanto requiere de un saber y un estar, para que cuando nos pongamos delante de la persona que sufre sepamos que de nada nos servirán los conocimientos sin la destreza en el manejo de las emociones y del sufrimiento ajeno. La Medicina es Humanidad, en cuanto a que nuestra razón de ser es un igual al que a veces sanamos, con frecuencia aliviamos y siempre consolamos.
 
El escritor japonés Mishima, en su obra emblemática, “Nieve en primavera” habla de las Leyes de Manu. “los hechos proceden del cuerpo, del discurso y de la mente, y de ellos resulta el bien y el mal”. El que peca con el cuerpo se reencarnará en árbol o hierba, el que lo hace con el discurso en pájaro o animal, y el que lo hace con el alma volverá a los niveles más bajos. 
 
La medicina es eso cuerpo, alma y verbo.
 
El profesor Hernández Guerrero, catedrático de Teoría de la Literatura de la Universidad de Cádiz ha publicado un libro titulado ¿Curan las palabras?
 
Si repasamos sus capítulos encontramos sin quererlo el ideario de lo que debe ser una Academia de Medicina y Cirugía, con la ciencia como excusa, las humanidades como herramientas y el ser humano como último fin. La importancia del lenguaje en medicina.
La medicina es una actividad pública y social. El facultativo es un profesional adornado de “auctoritas”. La medicina no es una práctica mágico-demiúrgica El lenguaje en medicina es también una herramienta terapéutica.
 
Las máquinas ya pueden predecir enfermedades. La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías prometen un ahorro significativo del Sistema Público de Salud al mejorar, según dicen, la prevención. El diagnóstico y el tratamiento se pueden descargar desde el mocil. Existen relojes inteligentes que se están convirtiendo en los dispositivos sanitarios más consultados. Las consultas telemáticas y las video conferencias se han situado en los “trending topic” durante el confinamiento.
 
La revolución de la Medicina Telemática ha comenzado. El ser humano se ha convertido en un simple animal racional, portador de datos de múltiples algoritmos que llevan a conclusiones, posiblemente bien argumentadas, pero sin contar con la persona que las padece.
Dicen que en China han instalado miles de cabinas autónomas, que usan millones de personas. A parte de hacer diagnósticos certeros, son dispensadores automáticos de medicamentos. Existen robots enfermeras que transportan  documentos, resultados y asisten a consultas.
Dicen que los españoles realizamos más de 155 millones de consultas de atención primaria en un año. Con la telemedicina podríamos evitar hasta 142 millones de visitas, ello  supondría un ahorro de más de 7.000 millones de euros para el Sistema Sanitario. ¿ese ahorro será en el capítulo 1, el que se destina a los recursos humanos?.
La esencia de todo está en los datos que aportamos, de forma desinteresada, desde nuestros dispositivos, y que sirven no sólo para chequear nuestro estado de salud, sino también para saber de nuestros gustos, nuestras ideas, y a veces incluso confiscar nuestro pensamiento. La monitorización puede llegar a tal extrema que pueden llegar a saber si somos cumplidores terapéuticos o en cambio displicentes irresponsables.
 
Por mucho que la ciencia  avance las tecnologías carecen de ojo clínico y emplean una certidumbre sólo probabilística. La experiencia profesional, curtida a lo largo de años de ejercicio con una evidencia a prueba de refutaciones, nunca podrá ser suplida por una máquina futurista. Una entrevista clínica minuciosas, una exploración clínica al detalle son la base de la relación médico paciente.
 
El archivo más inmenso de imágenes, datos analíticos y exploraciones virtuales de última generación no podrán sustituir a esa anamnesis por órganos y aparatos y a esa exploración realizada con manos sabias capaces de ver en la oscuridad y de intuir el interior más recóndito. Saber escuchar con paciencia, interpretar el lenguaje no verbal, poder sacar conclusiones de esos gestos de preocupación, discernir lo esencial del padecimiento de lo superfluo y añadido como queja y llamada de atención, mirar al acompañante o familiar que casi siempre es testigo fundamental de ese dolor compartido en silencio. Tocar, oír, ver y oler forman parte del cortejo de los sentidos que nos llevaran a tomar decisiones que supongan mejorar la vida de nuestros pacientes.
 
El futuro está aquí , las nuevas tecnologías van a cambiar radicalmente la relación médico paciente. En nuestra mano está el conseguir que sean una herramienta mas que nos ayude y asesore a la hora de hacer una medicina de calidad, y que nos garantice que la confianza depositada por los pacientes está en nosotros, y no en las novedades tecnológicas de última generación. ¡Una máquina nunca te dará el consuelo de una sonrisa y ni será el báculo de una mano amiga ante el dolor y el sufrimiento!