Miércoles, 15 Julio 2020

Dr. Antonio Ares Camerino “Los profesionales de AP, ahora también rastreadores de la COVID-19”

Dr. Antonio Ares Camerino “Los profesionales de AP, ahora también rastreadores de la COVID-19”

Coronavirus

El Dr. Antonio Ares, delegado territorial de Bahía de Cádiz del Colegio de Médicos gaditano, analiza en este artículo de opinión el papel de los profesionales de Atención Primaria en la desescalada como rastreadores para detectar posibles casos COVID-19

Madrid 01/06/2020 medicosypacientes.com
A finales de los años sesenta, del siglo pasado, hizo furor en España, con los televisores aún en blanco y negro, una serie norteamericana titulada “Centro Médico”. Se emitía a última hora de la noche del sábado, después del programa estrella de variedades. En ella el Dr. Gannon, cirujano de un Hospital en Los Ángeles, se enfrentaba a casos muy complicados, qué resolvía con maestría. Los Hospitales, y sobre todo la cirugía a límite, siempre han sido un plató idóneo para mostrar las vilezas y las grandezas del ser humano en situaciones límite. Después vendrían Urgencias, House MD, Anatomía de Grey y The Good Doctor.
 
Pero posiblemente el más cercano, el que conocía a la perfección los padeceres de sus pacientes, fue Marcus Welby MD. Médico de Familia en Santa Mónica (California) que, con su ojo clínico y buen hacer, conquistó las pantallas de las noches del fin de semana de principios de los setenta.
 
La Medicina de Familia es la especialidad que brinda atención médica continua e integral para el individuo y la familia. Integra en profundidad las ciencias biológicas, clínicas y del comportamiento. Su ámbito de actuación es la Atención Primaria, puerta de entrada del Sistema Sanitario Público. 
 
En septiembre de 1978, en Alma Ata (Kazajistan) se celebró la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, organizada por la OMS/OPS y UNICEF. En ella se subrayó la importancia de la atención primaria de salud como estrategia para alcanzar un mejor nivel de salud de los pueblos. Su lema fue “Salud para todo en el año 2000”.
 
La Atención Primaria de Salud debe estar basada en métodos y tecnologías asequibles, científicamente fundamentadas y socialmente aceptables, que estén al alcance de las personas, familias y comunidad, a un coste aceptable para que puedan cubrir cada una de las etapas del desarrollo individual, social y comunitario.
 
Las competencias de la Medicina de Familia se dividen en cuatro grandes áreas: atención al individuo, atención a grandes poblaciones, atención familiar y atención a la comunidad. La atención al individuo es integral e incluye todas las áreas del saber médico, desde la patología cardiovascular a la neurología, desde la nefrología a la traumatología, desde la toco ginecología y obstetricia a la neumología, desde la urología a la gastroenterología. Desde los trámites administrativos a la gestión de ley de dependencia, de las contingencias profesionales a las relaciones epidemiológicas con los sistemas de vigilancia. Incluso los cuidados paliativos y las relaciones con el último trance. Nada que pueda afectar al individuo de manera aguda, crónica o de urgencias le es ajeno. En cuanto a la edad, no entiende de grupos etáreos, del adolescente al anciano, del hombre a la mujer, de la discapacidad a la dependencia. Su reto son las personas en exclusión social y las que sufren algún tipo de violencia. Estas dos competencias pasan de puntillas en los paneles de expertos, pero representan el valor de la atención a los más vulnerables. 
 
Pensar en que algo se le puede escapar a un médico de familia es algo poco probable, su razón de ser es estar siempre pendiente y correlacionar lo concerniente al individuo y a la comunidad. Asumir la responsabilidad de la salud y el bienestar de los otros tiene su reto. Ese es el que asumen los miles de médicos y médicas de familia que día a día cuidan, velan y miman nuestro bien más preciado.
 
Saber de medicina, entender de relaciones humanas, conocer de habilidades sociales y grupales, priorizar la promoción de la salud, la prevención y la atención comunitaria, tener como prioridad el trabajo en equipo y las relaciones interpersonales, percibir que el conocimiento no es algo estático ni inamovible, que el saber es algo tan sencillo que puede estar a nuestro alcance, que un descubrimiento está en la mano del que tiene la idea y no del que tiene los recursos, de que la alerta es una estado y no una forma de percibir la realidad. A todo eso y muchas cosas más se dedican los médicos y médicas de familia. Esa especialidad, para muchos de segunda, es la que obtiene los mejores resultados y con la que los ciudadanos más se identifican. Ninguna da más cobertura, ninguna obtiene mejores resultados, ninguna es más eficiente en la relación coste de inversión resultados.
 
De medicina interna sabe, de traumatología entiende, de tocoginecología entiende, de urología tiene nociones, de neurología conoce, a la cirugía menor se atreve sin reparos, los diagnósticos difíciles los intuye, en geriatría está a la orden del día, la oncología la sufre en primera línea. De todas sabe algo, lo suficiente para dar la respuesta correcta. Maneja la estadística, entiende de  estudios cualitativos y cuantitativos, conoce al doble ciego, al aleatorio y al randomizado. Sabe escudriñar hasta el extremo de desenmascarar a los torpes pretenciosos que aspiran al éxito con estudios de poca notoriedad.
 
Después de habernos cuidados, a nosotros y a nuestras familias durante años, después de conocer todas nuestras intimidades, después de saber con pelos y señales nuestros anhelos, después de haber sido nuestro confidente hasta extremos insospechados, ahora les toca el papel de “Rastreadores”.
 
En el año 1992 un síndrome raro apareció en empleados del sector de la aerografía textil en el Levante español. En los municipios de Alcoy Concentaina (Alicante) alrededor de ochenta trabajadoras y trabajadores sufrieron de manera repentina una fibrosis pulmonar sin causa justificada. Seis de ellos fallecieron. El origen la inhalación de los líquidos usados para estampar telas mediante una técnica de aerografía (impresión a pistola de aire utilizando tintes y disolventes). La empresa responsable, Ardystil, dio nombre a ese nuevo síndrome que requirió incluso de una Resolución de la Secretaría General para la Seguridad Social de 30 de diciembre de 1993, por la que se consideraba provisionalmente como enfermedad profesional la detectada en la industria del Sector de Aerografía textil de la Comunidad Autónoma de Valencia (BOE nº 8 de 10 de enero de 1994. Pag 517. BOE-A-1994-427).
 
Fue un médico de familia de un Centro de Salud de Alcoy él que dio la alerta ante aquellos casos con diagnóstico de “tuberculosis” sin constancia bacteriológica alguna.
 
Estar en primera línea tiene la ventaja de poder realizar una investigación epidemiológica sin “contaminación” alguna. Tener contacto con el paciente al principio del proceso nos brinda la oportunidad de poder averiguar contactos, situaciones, riesgos, posibles elementos fundamentales en la génesis del padecimiento. 
 
Ahora en esta fase de “desescalada” de esta maldita pandemia, la Medicina de Familia vuelve a ser fundamental a la hora de conocer casos y detectar contactos. El nuevo papel de “Rastreadores” a la Medicina de Familia, le viene como anillo al dedo.
 
Contemos con ellos para “El abrazo más largo del mundo”.