Domingo, 11 Abril 2021

Más calientes que nunca

13/08/2008

Tenemos un auténtico termostato dentro de la cabeza. Funciona como cualquier otro. Su misión, mantener el cuerpo a 37ºC. En invierno, para generar calor, provocará que tiritemos y quememos grasa. En verano refrescará nuestro organismo haciéndonos sudar.

Madrid, 1 de agosto de 2008

Descripción de la imagen

Alvaro Cabello

Fundación Renal Iñigo Alvarez de Toledo

La piel llena de sensores

“Son 90.000 sensores repartidos por la piel los encargados de informar al cerebro de la temperatura ambiente. Cuanto más calor en el exterior, mayor cantidad de sensores se activan”. Así nos lo explica el Dr. Ángel Luis Villalón, Profesor de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

Nuestra piel es una gran superficie para eliminar calor. Su temperatura cambia según la zona del cuerpo. Tronco y cabeza son las partes más calientes. Las más frías, brazos, piernas, manos y dedos. En estos últimos la temperatura puede ser de 30ºC, mientras el corazón está a 37ºC. ¿Cómo se explica? Porque la sangre va enfriándose desde el corazón hacia la punta de los dedos y calentándose en sentido contrario.

¿Es cierto lo de la sensación térmica?

Sentimos un calor asfixiante. Miramos el termómetro y pensamos decepcionados: “pues no es para tanto”. ¿Cuántas veces nos ha ocurrido esto? Parece como si la realidad y nuestra percepción no coincidiesen. Y es que verdaderamente no coinciden. La sensación de calor o frío no depende sólo de la temperatura. Influyen factores infravalorados, como la humedad y el viento. Si hace frío y además sopla viento, la impresión de frío es mayor. Calor y humedad juntos, provocan una sensación de agobiante bochorno.

Para el Dr. Villalón, “lo que realmente hace que sintamos calor o frío es la velocidad con la que el cuerpo pierde el calor que genera. Si lo pierde con excesiva velocidad sentimos frío, y si lo hace lentamente, calor”.

La humedad es decisiva. El sudor, al evaporarse, se lleva el calor de la piel y la enfría. Pero si hay mucha humedad en el ambiente, el sudor no se puede evaporar, la temperatura de la piel es superior y nuestra sensación de calor también mayor.

Las neuronas pasan sed

Según la lógica, los detectores de la sed deberían estar en la garganta. Sin embargo, se encuentran en venas, corazón y cerebro.

El centro de la sed se localiza en el cerebro. Sus neuronas detectan la cantidad de sal que hay en la sangre que pasa por allí. Si contiene poca sal, pasa líquido de la sangre a las neuronas, éstas se hinchan y desaparece la sensación de sed. Cuando la sangre contiene exceso de sal, las neuronas liberan el agua que contienen, se arrugan y viene la sensación de sed. Por eso, las cosas saladas producen sed y el agua la quita.

Existen, además, otros detectores que miden el estiramiento de las paredes de las venas. Si hay excesiva sangre en el interior de las venas, sus paredes se estiran, los sensores mandan señales de que hay demasiado agua en el cuerpo y dejamos de tener sed. Por el contrario, cuando una persona está deshidratada, las venas se encuentran “encogidas” y los sensores ordenan estimular la sed. En el corazón estos sensores detectan si las aurículas se llenan más o menos.

Sangre y sudor

¿Qué es el sudor? Fundamentalmente agua. Agua que las glándulas sudoríparas extraen de la sangre. Y no se suda igual en todas partes. El sudor del tronco supone el 50% del total, otro 25% corresponde a los miembros superiores y el 25% restante a los inferiores. Los ancianos tienen disminuida la capacidad para extraer líquido de la sangre y trasformarlo en sudor. Consecuentemente, sudan menos.

Aunque son casos muy raros, hay niños que nacen sin glándulas sudoríparas y no pueden sudar. Su cuerpo se calienta con facilidad. Una elevación de la temperatura, que cualquiera soportaría bien, a ellos les puede producir una hipertermia e incluso la muerte. Pero su alteración suele ser compatible con la vida. Porque, además del sudor, tenemos otros mecanismos para eliminar el calor, como la respiración o la vasodilatación. El sudor es pues importante, pero no imprescindible. De hecho, muchos animales no sudan.

Olor social

Tan denostado socialmente como necesario para el organismo. Es nuestro refrigerante natural. Todos los tenemos y a todos nos ha hecho pasar algún mal rato social. La culpa no es del sudor. Es del olor. Pero… ¿por qué huele?

“Tenemos dos tipos de sudor, uno que huele y otro que no –explica el Dr. Villalón–. Es un hecho fácilmente comprobable. ¿Huele acaso el sudor de la frente? Y, por ejemplo, el de las axilas sí desprende olor. El sudor que huele es porque contiene grasa. Cuanta más grasa, mayor intensidad de olor. Además, unas personas tienen un sudor más oloroso que otras, porque tampoco la cantidad de grasa del sudor es igual en todas las personas”.

Trampas del calor

Evitarlas es fundamentalmente cuestión de prudencia. Todos sabemos cómo combatir el calor. Recordar las posibles consecuencias supone un primer paso hacia la prevención.

Agotamiento por calor: provocado por una excesiva pérdida del agua y la sal del sudor, están más predispuestos los ancianos, hipertensos y quienes frecuentan ambientes muy calurosos. Sudoración demasiado abundante, piel pálida, pulso débil y respiración acelerada son síntomas principales. Puede haber vómitos y la temperatura generalmente es normal o apenas algo elevada. Lo más importante es beber despacio y espaciando los sorbos. Antes de reanudar la actividad física, mejor sentarse un rato a la sombra.

Sarpullido por calor: la piel ofrece un aspecto enrojecido, con granos o pequeñas ampollas. Puede aparecer en el cuello, pecho, ingles, debajo de los senos o la parte interna de los codos. El mejor tratamiento es mantener la zona afectada lo más seca posible y evitar cremas que la humedezcan. En general, no requiere atención médica.

Calambres por calor: calambre muscular originado cuando se combina esfuerzo y calor. Lo mejor es pararse e intentar estirar el músculo afectado. Además, conviene beber líquido.

Golpe de calor: cuadro grave que de no tratarse a tiempo puede provocar daño cerebral irreversible e incluso ser mortal. Existen dos tipos:

  • Con pérdida de líquidos: se llega a esta situación de tanto sudar y/o por no beber lo suficiente. El cuerpo pierde entonces la capacidad de eliminar adecuadamente el calor.
  • Sin pérdida de líquidos: pese a estar bien hidratados, la temperatura ambiente es tan alta que el cuerpo no elimina bien el calor.

El síntoma principal en ambos casos es la piel muy caliente y pálida. Las pupilas están dilatadas, el pulso acelerado, la respiración agitada y disminuye la eliminación de orina. ¿Qué hacer en estos casos? Lo primero, trasladar al afectado a la sombra. Quitarle ropa y echarle agua en las extremidades. Masajear las piernas y brazos para reactivar la circulación. NO dar líquidos en un primer momento. Si la temperatura no baja rápido, buscar atención médica.

¿Cómo afecta el calor al riñón?

“El calor no afecta directamente al riñón, produce alteraciones que tienen consecuencias sobre el riñón. Por ejemplo, una vasodilatación intensa (enrojecimiento de la piel) puede llegar a bajar la tensión”. Así nos lo comenta el Dr. Francisco Ortega, del Servicio de Nefrología del Hospital Central de Asturias, con quien repasamos más cuestiones típicas de la época veraniega.

Sudor y riñón

“Las personas, al sudar, perdemos agua y electrolitos. Los ancianos, sobre todo, son más susceptibles a deshidratarse porque tienen menos volumen de agua en su cuerpo. La deshidratación hace que baje el volumen circulatorio, llegue menos sangre a los riñones y sus células empiecen a morir”.

Sol, piel y trasplantes

“Los pacientes con insuficiencia renal crónica deben tener cuidado porque el sol les seca la piel, deshidratándola. Aparece entonces el prurito o picor. Después de tomar sol es necesario ponerse una crema hidratante. Las personas trasplantadas, como reciben medicaciones inmunosupresoras, también deben tener mucho cuidado con el sol, ya que poseen más tendencia a la aparición de tumores. Es, por tanto, recomendable exponerse poco al sol o hacerlo por tiempos limitados y siempre con protección solar”.

Beber con salud

En opinión del Dr. Ortega, “hay que tener cuidado con las bebidas gaseosas, ya que si se beben burbujas se toma también bicarbonato y sodio. Es mejor beber agua. También es bueno el té. Respecto a los zumos, hay que beberlos con cuidado, ya que tienen potasio. Los zumos naturales tampoco son muy recomendables debido al potasio”.

¿Qué hacemos con los helados?

Según el Dr. Fernando Álvarez-Ude, Director Médico del centro de hemodiálisis “Los Olmos” de Segovia, “los helados de chocolate, turrón, nata, etc. deben evitarse o reducirse porque tienen potasio o porque al tener mucho azúcar aumentan la sed. Los polos (hielo con colorante) se aconseja sean de pequeño tamaño y que tomen uno o dos al día (son ideales los hechos en casa con agua y zumo de limón).

En cuanto a la cantidad de hielo a tomar en verano, comenta que “no hay límites a la práctica de saborear hielo o poner hielos en los refrescos, salvo los que dicta la conveniencia de no ingerir demasiado líquido”.

Medicamentos y calor

“Los efectos del calor pueden sumarse a los efectos de la medicación que toman los pacientes renales. Los medicamentos antihipertensivos, al bajar la tensión arterial, deben manejarse con más cuidado cuando hace mucho calor. Hay medicaciones que producen fotosensibilidad y favorecen los efectos de los rayos de sol sobre las personas”.

¿Cómo nos aclimatamos al calor?

Disminuyendo la temperatura a la que empezamos a sudar. Por eso, cuando llegamos a un sitio caluroso, los primeros días sudamos mucho y posteriormente menos.

El tamaño también importa. Los africanos son muy altos y delgados para tener más piel por la que eliminar el calor. Los esquimales, bajitos y con extremidades cortas, para no perder su calor interno.

Consejos para poderle a la sed

  • Beber sólo cuando se tiene sed y hacerlo en vaso pequeño.
  • No tomar agua porque sí, simplemente como hábito.
  • Tomar las medicinas con los líquidos de las comidas y no con más agua.
  • Usar rodajas de limón para estimular la salivación y humedecer su boca.
  • Poner la punta de la lengua en la base del paladar; esto aumenta la salivación.
  • Mascar chicle sin azúcar (ambiente urbano) o chupar “piedrecitas de rio” (ambiente rural).
  • Preparar hielo añadiendo al agua unas gotas de limón antes de congelarla.
  • Congelar pedacitos de fruta: melocotón, fresas, etc.
  • Los refrescos del tipo de la Coca Cola, Fanta, etc. aumentan la sed. El té frío o la limonada sin azúcar alivian mejor la sed.
  • Manténgase activo. Si usted no tiene nada que hacer, tendrá más tiempo para pensar en que tiene sed.

Cifras y letras

Nuestra temperatura interna es de 37ºC; la de la piel sólo 33,5ºC.

El ejercicio físico intenso en verano puede aumentar nuestra temperatura interna a 40ºC.

Cuando la humedad ambiental es superior al 60% y la temperatura ambiente mayor de 32ºC, el sudor no puede evaporarse.

Las mujeres empiezan a sudar 2ºC más tarde que los hombres, porque su temperatura interna es más alta que la del hombre.

Cuando la temperatura de la piel es menor de 32ºC, el viento disminuye la sensación térmica. Si supera los 32ºC, la aumenta.