Martes, 22 Septiembre 2020

La ciencia no debe olvidar que siempre habrá preguntas por responder

17/11/2008

Si no queremos llegar a la deshumanización total de la sociedad, debemos mantener un espíritu crítico (reflexión ética) a la hora de aplicar los adelantos de la ciencia. A pesar de que los avances científicos se produzcan a un ritmo trepidante, nunca debemos olvidar que siempre existirán preguntas por responder. Por ello es muy frecuente que la comunidad científica crea haber encontrado la explicación de un determinado fenómeno y más tarde se demuestre lo contrario

Madrid, 15 noviembre 2008 (medicosypacientes.com)

El término “utopía” fue inventado por Tomás Moro, y sirvió de título a una de sus obras escritas en latín. Según la versión de varios historiadores, Moro quedó fascinado por las narraciones extraordinarias de Américo Vespucio sobre la recién avistada isla de Fernando de Noronha, en 1503. El escritor decidió entonces escribir sobre un lugar nuevo y puro donde existiría una sociedad perfecta.

La vertiente principal del término es sociopolítica y el marxismo se considera la ideología que más lejos ha llegado en el intento por lograr una utopía. “El fracaso del comunismo ha conducido a revisiones y replanteamientos también equivocados, como estamos viendo ahora mismo”, ha señalado Luis Goytisolo, escritor y miembro de la Real Academia Española desde 1994.

En su reciente participación en la mesa redonda “Las utopías”, enmarcada en el ciclo “En tierra de nadie: conversaciones de Ciencias y Letras”, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud y la Residencia de Estudiantes, Goytisolo ha enumerado otras vertientes del término, como la filosófica o la religiosa. En el ámbito literario, “los anglosajones son quienes más han cultivado este género, que ha producido obras tan conocidas como Un mundo feliz, de Thomas Huxley, o Los seres queridos, de Evlyn Vaughn”.

Según Goytisolo, “la ciencia está rozando la utopía constantemente”. En este sentido, “es relativamente frecuente que la comunidad científica crea haber encontrado la explicación de un determinado fenómeno hasta que se demuestra lo contrario”, afirmó. Hasta ese momento, pueden pasar años, e incluso siglos. Esto quiere decir, entre otras cosas, que “el ser humano de dentro de cien años será, con toda probabilidad, muy diferente al de hace cien”.

La ciencia aplicada es aquella que actúa en el ámbito de las cosas (o las tecnologías). A este respecto, “las referencias a las nuevas contribuciones científicas son notables en utopías como la descrita en ‘Un mundo feliz’, como elementos que permiten superar los problemas de la humanidad”, ha explicado el profesor Antonio Fernández-Rañada, catedrático de Física Teórica de la Universidad Complutense de Madrid.

En el otro extremo, la ciencia básica se mueve en el plano ideológico. Aquí, la utopía sería la búsqueda del conocimiento absoluto de la naturaleza, algo que se viene haciendo desde el principio de los tiempos. “La ciencia avanza a un ritmo trepidante, pero nunca debemos olvidar que siempre habrá preguntas por responder; el caso contrario sería terriblemente peligroso, y llevaría posiblemente a grandes barbaridades”, recalcó.

Por todo ello, “si no queremos llegar a la deshumanización total de la sociedad, debemos mantener un espíritu crítico (reflexión ética) a la hora de aplicar los adelantos de la ciencia”, añadió el profesor Fernández-Rañada. “Las utopías nazi y comunista no llegaron a ningún lado porque no forzaron dicha autocrítica, guiándose lisa y llanamente por lógica de la sobredeterminación (el destino)”.

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