Jueves, 22 Agosto 2019

La buena práctica médica se expresa cuando se aplican las medidas terapéuticas proporcionadas

03/10/2008

La Ley de Autonomía del Paciente (ley 41/2002) y la normativa deontológica (Código de Ética y Deontología Médica -Cap. VII-) regulan de manera clara esta cuestión

Bilbao, 6 octubre 2008 (Redacción)

Morir no es un acto puntual sino todo un proceso. Ése ha sido el punto de partida con el que Jacinto Bátiz, presidente de la Sección de Cuidados Paliativos de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao y jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios (Santurtzi), ha pronunciado una conferencia bajo el título “Humanizar el proceso de morir”. La conferencia se ha celebrado en la Biblioteca Bidebarrieta, con motivo de la segunda temporada del foro socio sanitario “Encuentros con la salud”.

“Este proceso de morir de los enfermos en situación terminal”, puntualiza el experto “requiere de una atención técnica y humana con la mejor calidad posible que busque la excelencia profesional, un derecho inalienable a la dignidad humana”.

La humanización de este proceso se concreta en una serie de pautas valoradas por el presidente de la Sección de Cuidados Paliativos de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. “No ha de abandonarse al enfermo -ni los profesionales sanitarios ni sus seres queridos-, ni siquiera cuando la tecnología y el conocimiento científico dejan de ser útiles para curar su enfermedad. Para morir con dignidad es preciso estar acompañado por los seres queridos, libre de dolor y de sufrimiento, sin manipulaciones médicas innecesarias y con la asistencia sanitaria precisa”.

Una estrategia adecuada de Cuidados Paliativos ha de forjarse en función de los deseos del paciente, por encima de las consideraciones de su entorno. Jacinto Bátiz considera que “han de respetarse sus intenciones y conocer sus valores, manifestados bien en el documento de sus Voluntades Anticipadas o bien durante la relación que mantengan a lo largo de todo el proceso”.

El compromiso médico es otra cuestión relevante en este tránsito. Bátiz comprende que “para que el final de la vida de estos enfermos sea más confortable han de evitarse procedimientos terapéuticos que disminuyan su confort o aquellos otros cuya crudeza los convierta en más insufribles que la propia enfermedad. El encarnizamiento terapéutico, aún realizado bajo la mejor de las voluntades, es una batalla perdida que reduce la dignidad del ser humano”.

El enfermo en fase terminal tiene derecho a no experimentar dolor. Dicha así, esta frase parece una declaración de amor al prójimo, un ejercicio de sensibilidad. El especialista en Cuidados Paliativos considera, sin embargo, que “el tratamiento del dolor no es una cuestión opcional ni un acto gratuito de caridad, sino un imperativo ético de la profesión médica. El código deontológico expresa esta cuestión con claridad”.

En un paso más allá, Jacinto Bátiz ejemplifica con enfermo, en fase terminal cuya patología “presente determinados síntomas que provoquen un sufrimiento insoportable e imposible controlar en los momentos del desenlace. Esta situación”, prosigue el especialista, “obliga al médico a disminuir la conciencia del enfermo para garantizar una muerte serena. No se trata, insisto, de un acto de buena voluntad sino de un imperativo moral”.

No es extraño que, llegado el caso, el enfermo desee la muerte. “Es algo que sucede con relativa frecuencia”, recuerda el presidente de Sección de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. “Tenemos que tener presente que todo el mundo desea tener una buena muerte. Morir bien es una legítima aspiración de los seres humanos. Los profesionales de la salud están obligados a ayudar a sus enfermos para mueran sin sufrimiento. Esta buena práctica médica se expresa cuando se aplican las medidas terapéuticas proporcionadas, evitando la obstinación terapéutica, el abandono, el alargamiento innecesario y el acortamiento deliberado”.

A la hora de valorar los beneficios de los Cuidados Paliativos, Jacinto Bátiz esclarece que “no debe haber frontera en la curación y la paliación. Los cuidados paliativos han de comenzar desde el primer momento del diagnóstico de la enfermedad, con una relación médico-enfermo en la que la comunicación será la mejor herramienta. A medida que se acerca la muerte los profesionales sanitarios han de cambiar su papel de “consejero y cuidador profesional” por el de compañeros íntimos del viaje más solitario que un ser humano hace jamás”.

Frente a la sensación de frustración que puede provocar en los profesionales sanitarios la muerte de un paciente, Bátiz considera que “cuando se consigue que el enfermo fallezca en paz, con comodidad y viendo que tanto él como su familia han recibido un apoyo emocional adecuado, se descubre que dar alivio a las molestias físicas y emocionales de una persona es tan importante como curar”.

Desde esta perspectiva, “humanizar el proceso de morir beneficia por un lado al enfermo que sufre, a una familia asustada que no acaba de aceptar la situación y sufre por el ser querido, y al médico formado para luchar contra la muerte. Los cuidados paliativos contemplan esta triple realidad que configura el proceso de la muerte inminente en la sociedad actual. Si la sociedad comprueba que se humaniza el proceso de morir tendrá miedo a la muerte, pero no tendrá miedo al proceso de morir”.

Como se ha dejado claro en este Foro, la Ley de Autonomía del Paciente (ley 41/2002) y la normativa deontológica (Código de Ética y Deontología Médica -Cap. VII-) regulan de manera clara esta cuestión.