Sábado, 18 Agosto 2018

Proyecto internacional ProInfant

El CSIC investiga alimentos vegetales con probióticos para combatir la desnutrición infantil

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha comenzado a dirigir el proyecto internacional ProInfant sobre el desarrollo de alimentos vegetales probióticos destinados a poblaciones infantiles con problemas de desnutrición

Madrid 26/07/2018 medicosypacientes.com
Lactobacilo visualizado al microscopio óptico de barrido.

En el trabajo colaboran, además de España, centros de investigación de Argentina, Colombia, Guatemala, México, Nicaragua y Perú. Se centra en el estudio de alimentos vegetales fermentados de uso tradicional en Iberoamérica, con el objetivo de que cada país pueda elaborar alimentos probióticos con materias primas y bacterias autóctonas.

La funcionalidad del nuevo alimento creado a partir de este proyecto se analizará en laboratorio y mediante un estudio de intervención con niños de estratos sociales desfavorecidos de Guatemala.

La investigadora del CSIC y coordinadora del proyecto Patricia Ruas-Madiedo explicó que los alimentos probióticos son “microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del hospedador”. 

“En este proyecto nos centramos en uno de los probióticos más habituales, el ‘Lactobacillus’ spp., para evaluar su capacidad de producción de vitaminas y compuestos antimicrobianos, con el objetivo de seleccionar las cepas capaces de competir frente a los patógenos causantes de infecciones que se agravan en estados de malnutrición crónica”, explicó.

Las materias primas y los productos fermentados seleccionados responden a criterios de uso tradicional y consumo local: agave y huanzotle, en México; pulpa fermentada de jícaro, en Nicaragua; masato de yuca y chicha de siete semillas, en Perú; y masato de maíz, masa de maíz añejo y almidón de yuca, en Colombia.

Entre los objetivos de los investigadores se encuentra también la creación de colecciones de bacterias lácticas propias en cada país, así como el estudio de 27 cepas ya conocidas, con el fin de seleccionar aquellas que muestren mejor comportamiento. Se analizarán los genomas de estas cepas de bacterias para detectar características probióticas y posibles resistencias transmisibles a antibióticos.